8 de marzo

Para ser sincera, ayer no hice huelga. Simplemente, en mi caso, y mis circunstancias, no era buena idea.

Al salir me fui directa a la manifestación, con mi cartulina, con mi pancarta, que mi mujer preparó con tanto cariño y el pensamiento puesto en la causa que ambas apoyamos.

Y qué sensación, qué satisfacción, qué orgullo… Jamás hubiese pensado que tantas saldríamos a la calle, tantas! Todas a un mismo grito, todas aunando fuerzas, todas reivindicando, haciéndonos notar!

Era difícil no sentir la piel de gallina, era complicado reprimir la emoción.

Entre miles de pancartas, carteles, frases, lemas… me emocionó especialmente uno: un grupo de jóvenes musulmanas acompañaban una pancarta preciosa donde se podía leer: “de tontas no tenemos ni un velo”. Íbamos rompiendo en aplausos a medida que iban avanzando en dirección contraria, ya de vuelta.

Mi mujer, de la que me siento profundamente orgullosa, sí secundo la huelga, una de sus motivaciones, “por todas las que no pueden hacer huelga hoy, entre ellas mi mujer”. Mi mujer es de esas personas justas, que cambian el mundo, que detestan las desigualdades, que hacen algo.

Yo quiero un mundo mejor para mis futuros hijos. Quiero educarlos en la igualdad, sin distinciones, en el respeto, en la empatía, en el orgullo de ser como son, sean lo que sean.

Deseo que algún 8 de marzo no tengamos nada que reivindicar,  porque vivamos en una sociedad de iguales.

 

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