Una nueva vida. Allá vamos!

Allá vamos!. Hoy empieza el proyecto de una nueva vida, literalmente. Cuando digo “nueva vida” no sólo me refiero a la mía, o a la de mi mujer, no. Cuando digo “una nueva vida” me refiero a eso exactamente.

Hoy comenzamos los pinchazos para intentar ampliar nuestra familia y convertirnos en mamás. Ya son semanas de pruebas, estudios, análisis… y hoy empezamos el tratamiento.

Y viendo lo largo que se me está haciendo este corto período, no quiero yo pensar lo que se me van a hacer esos 9 meses.

Desde que decidimos que sí, que lo intentaríamos, no pienso en otra cosa que en cómo será, en si irá todo bien y será un/a bebé sano/a, en si seremos buenas madres, en si le criaremos para ser una persona madura emocionalmente, una persona sana, una persona educada… Preguntas, preguntas, preguntas…

Yo sólo sé que allá vamos, que esta noche comienza todo, y que cada pinchazo será como una ceremonia donde mi mujer se prepara para gestar a nuestr@ hij@.

Gracias por tu generosidad, amor mío.

 

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¿Cuánto dura una mala racha?

La vida no siempre viene de cara. No es una ciencia exacta, pero es un hecho irrefutable. La vida no siempre viene de cara.

Esto es lo que siento desde hace un tiempo a esta parte, y comienzo a preguntarme, ¿cuánto dura una mala racha?.

Ahora que está tan de moda la palabra “resiliencia” procuro aplicármela, y sacar algo bueno de las cosas malas, y a veces hasta lo consigo… pero cuando llevas un período enlazando una con otra… ¿cuánto duran las malas rachas?.

El último giro del destino se llevó a mi padre para siempre, y con él se fueron tantas y tantas cosas… buenas, malas y regulares. De niña yo era su sombra, siempre pegada a él, siempre cerca de él. Luego, perdida la inocencia, nos costó entendernos del todo…

Ahora comienza esa etapa de duelo, con sus fases, sus días malos, sus tristezas…

Toca cerrar una etapa de mi vida, y espero que con ella se termine esa mala racha que me tiene mentalmente agotada.

Pero, mientras tanto, sigo preguntándome, ¿cuánto dura una puta mala racha?

DEP, papi, en tu memoria.

8 de marzo

Para ser sincera, ayer no hice huelga. Simplemente, en mi caso, y mis circunstancias, no era buena idea.

Al salir me fui directa a la manifestación, con mi cartulina, con mi pancarta, que mi mujer preparó con tanto cariño y el pensamiento puesto en la causa que ambas apoyamos.

Y qué sensación, qué satisfacción, qué orgullo… Jamás hubiese pensado que tantas saldríamos a la calle, tantas! Todas a un mismo grito, todas aunando fuerzas, todas reivindicando, haciéndonos notar!

Era difícil no sentir la piel de gallina, era complicado reprimir la emoción.

Entre miles de pancartas, carteles, frases, lemas… me emocionó especialmente uno: un grupo de jóvenes musulmanas acompañaban una pancarta preciosa donde se podía leer: “de tontas no tenemos ni un velo”. Íbamos rompiendo en aplausos a medida que iban avanzando en dirección contraria, ya de vuelta.

Mi mujer, de la que me siento profundamente orgullosa, sí secundo la huelga, una de sus motivaciones, “por todas las que no pueden hacer huelga hoy, entre ellas mi mujer”. Mi mujer es de esas personas justas, que cambian el mundo, que detestan las desigualdades, que hacen algo.

Yo quiero un mundo mejor para mis futuros hijos. Quiero educarlos en la igualdad, sin distinciones, en el respeto, en la empatía, en el orgullo de ser como son, sean lo que sean.

Deseo que algún 8 de marzo no tengamos nada que reivindicar,  porque vivamos en una sociedad de iguales.

 

Me he vuelto casera

¿Alguna vez os ha pasado que os enamoráis y os dicen que ya no tenéis vida social? Yo no he dejado de oírlo desde que comencé a compartir mi vida con la que ahora es mi mujer.

En realidad, no es que no tenga vida social, es que mi vida social es distinta ahora.

Personalmente me resulta molesto que me lo digan; se refieren a mi como a una ermitaña que no sale de la cueva o no se separa de su pareja, como si no hubiese mundo para mi sin ella y no se pudiese contar con mi presencia sin que me acompañe a todas partes… Y puede que sea verdad, pero, ¿y si eso es lo que me hace feliz?.

Para mí la experiencia de compartir vida con mi mujer es maravillosa. Es mi mejor amiga, mi amante, mi compañera, mi consuelo… con nadie me lo paso mejor con ella, de copas, de cena, de paseo, de viaje, en la cama…

Mi casa es mi HOGAR, con mayúsculas, el lugar donde me siento cómoda, donde puedo decir y hacer lo que me venga en gana, tanto si es cambiar la decoración como si es pasear en pelotas. Mi mujer es la persona que más confianza me inspira, en todos los sentidos, y no hay nada, NADA, que no pueda hacer o decir sin que ella lo vea o lo escuche. Por eso, mi casa es mi hogar, y mi rincón preferido.

Así que, me he vuelto casera, y, por ende, me encanta estar con mi mujer. ¿Resultado?, dedico mucho tiempo a estar con quien más me gusta estar, y en el lugar donde más me gusta estar.

Pero no siempre eso supone restar libertad, esa palabra tan amplia y rotunda. Simplemente, soy feliz estando con la persona que amo, y procuro pasar todo el tiempo posible con ella, porque quiero vivirla, quiero exprimir este amor hasta la última gota, así de fácil.

Hoy es el día

Hoy es el día. Años dándole vueltas a esto de iniciar un blog, de abrir un espacio donde plasmar mi día a día, mis pensamientos, mis vivencias… y hoy es el día. Hoy es el día en que me decido, por fin, a ponerle texto a tantas ideas, tantas palabras, tantas conversaciones con una misma. Hoy es el día en que empieza esta andadura en la que espero ser constante. Hoy es el día en la que me propongo poner mi granito de arena a esto de la visibilidad, la normalidad de las relaciones entre personas del mismo sexo. Hoy es el día, por fin.

Cómo hemos cambiado…

Si os digo que el mundo ha cambiado en los últimos años, os sonará a “uf, lo que viene ahora, los cuentos de la abuela cebolleta”. Iré al grano.

Hace 14 años decidí preguntarme a mí misma sobre mi inclinación sexual. Quizá sólo era curiosidad, pero el amor de mi vida se cruzó en mi camino y eso aclaró cualquier duda.

Cuando digo cómo hemos cambiado me refiero a que, si entonces hubiese tenido tantos referentes como tengo ahora, tanta visibilidad, tantos personales célebres, respetados, respetables, … en los que verme, probablemente mi transición hubiese sido más rápida, sencilla y menos traumática.

De ahí el deber moral de, dentro de las circunstancias y posibilidades de cada uno, exponer y hacer visible nuestra forma de vida, que existimos, que vivimos, que tenemos vidas extraordinarias… porque somos personas extraordinarias.

Ojalá hubiese tenido hace tantos años alguien a quien preguntar sobre qué es ser homosexual, cómo se siente, cómo se vive, cómo se supera tanto miedo, cómo se vive con el rechazo… Ojalá alguien me hubiese explicado que no pasa nada, que esto no es una cruz, que aceptarse es liberarse, y que, simplemente, nuestra obligación principal en la vida es ser felices y respetarnos a nosotros mismos.

Hoy he decidido crear un blog para explicar cómo ha sido mi vida hasta ahora, cómo es ser lesbiana, cómo es vivir fuera del armario, ser libre.

Espero que, si lees esto y te encuentras en el punto de partida en el que yo me encontraba hace 14 años, puedas encontrar a alguien que resuelva las dudas y preguntas que otros debimos resolver solos. Y si esa persona soy yo, adelante, aquí me tienes.